miércoles, 15 de septiembre de 2010

200 años de confusión

Imagen: Confusión 03, de Rafa Bertone


Qué festejo raro. En cinco días de fanfarria nadie habló de revolución. Esa palabra cargada de sangre y molestias. El grueso, en cualquiera: entre churros, fitospaez celeste y blanco, Colón macrinizado y patrióticos bracitos agitando banderines de Sancor. La masa se contrae y se agita.

Encuesta al boleo:
- ¿Qué estamos festejando, caballero?
- ¡El Bicentenario de la patria!
- No, a ver la señora de la escarapela de medio metro.
- Los doscientos años de Cristina.
- No, señora. A ver, el nene del tamborcito y los pies planos.
- La patria y la revolución, porque son sinónimos.
- Ay,no, sorry - contradice la niña de billetera jugosa- Para mí la independencia es buena y la revolución, otra cosa.
- La independencia fue seis años después, piba- se encarniza un jubilado- Leé:

ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD-AMERICA

En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España.


Ma, la Patria voladora almorzó con Mirta Legrán.
- Cállate y seguí remando.


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